La huelga NBA, una lucha por más dinero entre unos "pobres" millonarios

"Imagínese usted -escribía a fines de 1998 el periodista Sam Smith- que dos limusinas chocan en la Quinta Avenida. El dueño de una de ellas sale del asiento trasero quejándose porque se le cayó su vaso de vino Laffitte-Rotschild. Y de la otra limusina sale el otro dueño mortificado porque su Rolex de oro quedó dañado. ¿Podrían los millonarios dueños de ambas limusinas hablarle al resto de la sociedad acerca de pérdidas, explotación patronal y lucha sindical?" 
El periodista del Chicago Tribune se refería a la crisis que mantenía paralizada a la NBA. Jugadores que ganaban 1,3 millones de dólares de media anual reclamaban que el reparto de la torta subiera a su favor del 57 al 60 por ciento. Los ingresos totales eran de 2000 millones de dólares, pero la NBA alegaba que 15 de sus 29 franquicias sufrían pérdidas. Lo decía el comisionado David Stern, que ganaba 7 millones anuales, más que el 95 por ciento de los jugadores, aunque lejos de los 78,3 millones que, segúnForbes , recibía Michael Jordan entre salario y publicidad. El astro de los Chicago Bulls era igualmente uno de los más combativos. 
Veintitrés años después, Jordan sigue siendo combativo, pero del otro lado del mostrador, como patrón de los Charlotte Bobcats. La media salarial de los jugadores subió a 5,1 millones de dólares y la torta, a 4000 millones. Jordan lidera el ala dura que exige que los jugadores bajen sus ganancias del 57 al 47 por ciento. Stern, que sigue siendo el comisionado, alega que las pérdidas subieron a 300 millones y afectan ahora a 23 de los 30 equipos. Se cree que él gana unos 23 millones al año. Su última oferta, que el sindicato analizaba anoche, fue darles a los jugadores el 51 por ciento de la torta. Cada punto representa unos 40 millones y los jugadores ya aceptaron resignar unos 200 millones. Como en 1998, las limusinas han vuelto a chocar. Pero la Quinta Avenida ya no es la misma. Estados Unidos está en crisis. Y la discusión entre millonarios que amenaza con paralizar la temporada del básquetbol suena más obscena. El periodista Dave Zirin tiene una solución: "Occupy the NBA". 
"Occupy Wall Street -escribió Zirin- quiere que el país deje de servir a los intereses del millonario 1 por ciento de la población y se ocupe en cambio del 99 por ciento restante. Propongo «Occupy the NBA» porque la NBA, que viene del año más lucrativo de su historia, dice ahora que si los jugadores no aceptan rebajar todavía más sus salarios dejará sin temporada a los aficionados, que pagamos sus estadios con nuestros impuestos y compramos boletos y camisetas." 
El economista David Berri contó en The Huffington Post que el 84 por ciento de los 2000 millones de dólares que 8 franquicias gastaron desde el año 2000 para construir o renovar estadios es dinero público. Fruto de la "extorsión" de los dueños de las franquicias. "O nos ayudan o nos vamos a otra ciudad." Muchos dudan de que las pérdidas denunciadas sean ciertas. Y dicen que la NBA, en lugar de reducir salarios de sus jugadores, debería aprender a redistribuir ingresos como otras Ligas: en la NFL (football americano), Green Bay Packers recibe el mismo dinero de la TV que el poderoso New York Giants. En la NBA, Los Angeles Lakers cobrará a partir de 2012 150 millones al año, contra 8 millones de New Orleans Hornets, 11 de Sacramento Kings o 12 de Portland Trail Blazers. Los Lakers recaudan además 82 millones de boletería en la temporada, contra 13 de Memphis Grizzlies, 14 de Minnesota Timberwolves o 17 de Milwakee Bucks. En la NFL, en cambio, el local cede el 40 por ciento de la boletería a un pozo común que se distribuye luego entre los 32 equipos. "Si la NBA redistribuyera sus ganancias no habría pérdida alguna", afirmó un informe reciente de la revista Forbes 
Uno de los momentos de mayor tensión en la negociación fue cuando el jugador Dwayne Wade (Miami Heat) le dijo a Stern que dejara de apuntarlo con el dedo. Stern no acepta críticas, ni siquiera de sus patrones. Jordan, acaso "el padre" de la NBA moderna, pero hoy odiado por muchos jugadores por su postura, Ted Leonsis (dueño de Washington Wizards) y Micky Arison (Miami Heat) pagaron multas de hasta 500.000 dólares sólo por hablar públicamente de la puja. Mark Cuban (Dallas Mavericks) ya pagó millones en multas anteriores. "En la NBA -se quejó el año pasado Stan van Gundy (entrenador de Orlando Magic)- no hay libertad de expresión." Por eso, fiel a su política habitual, Stern, escribió Adrian Wojnarowski, de Yahoo Sports, "no quiere ahora una negociación, quiere una capitulación de los jugadores". "Periodistas, jugadores y hasta sus propios patrones le temen. Después de 30 años, Stern parece más un dictador de opereta que un comisionado", dice Zirin. Y recuerda una de las advertencias más temibles que el comisionado lanzó una vez a un grupo de jugadores estrella: "Sé dónde están enterrados los cuerpos porque a varios de ellos los enterré yo". Es el lado menos conocido del hombre que transformó a la NBA. La tomó hace 27 años con partidos que ni siquiera se trasmitían en vivo y jugadores que abusaban de la cocaína, para llevarla hasta China y aumentar los ingresos en un 500 por ciento. El problema es que los nuevos patrones no compraron franquicias por 10 millones de dólares, como en los 70. Pagaron 300 millones y quieren recuperar rápido sus inversiones. Los hay como Donald Sterling (Los Angeles Clippers), que llegó a rehuir el pago de una operación de cáncer de un entrenador asistente. Y como Leonsis, el de los Wizards, enojado porque Barack Obama amenaza con subirle los impuestos "a cualquiera líder de negocios que triunfa económicamente". Y Stern, según Bryant Gumbel, de HBO, se comporta como "un moderno capataz de plantaciones, que trata a los jugadores como si fueran sus chicos". 
Miembro en años más duros de una organización antirracista (Nccap), Stern, que por cierto no ama los tatuajes ni la generación hip-hop, no merecía ese trato. Lo reconocen hasta sitios de militancia negra, enojados con Gumbel porque habló de "plantación", como si la esclavitud de sus ancestros tuviera algún punto de comparación con las estrellas que ganan millones en la NBA. En algunos comentarios, se percibió un tinte despectivo hacia los jugadores, "limitados para entender la negociación". Reapareció entonces la tensión racial, acaso inevitable en la NBA, donde el 86 por ciento de los jugadores son negros y los patrones son todos blancos, excepto Jordan. En 1969, el beisbolista Curt Flood se convirtió en el primer deportista profesional de Estados Unidos que recurrió a la justicia para decir que él era dueño de su pase y no tenía por qué ir al club al que lo obligaba su equipo. Un miembro del Consejo Directivo de las Grandes Ligas del Béisbol (MLB) le preguntó: "¿Lo hace para sentar un precedente o porque es una señal del Black Power?". Y Flood, que era efectivamente un luchador civil y se había conmovido un año antes por el asesinato de Martin Luther King, respondió: "Me gustaría que fuera así, pero este tema afecta a cualquier jugador, el color no tiene nada que ver". 
Le pido una reflexión sobre la crisis en la NBA a Alvaro Martín, uno de los periodistas más experimentados de las Grandes Ligas de Estados Unidos. "Todos -me responde- saben lo que gana Kobe Bryant, pero pocos saben lo que gana el dueño de su equipo, Los Angeles Lakers, Jerry Buss. Desconocer el capital que controla un propietario de equipo de la NBA y el hecho de que el salario de cada jugador esté publicado en la Internet influencia la percepción pública y el debate". William Rhoden, de The New York Times, escribió en 2006 el libro Forty million dollar slaves (Esclavos de 40 millones de dólares). "Las circunstancias claro que no son hoy las mismas, pero las relaciones de poder sí", escribió Rhoden en el prólogo. Dijo que el nombre del libro se le ocurrió cuando escuchó el grito de un fanático en pleno partido de los New York Knicks. Larry Johnson había dicho días antes que algunos de sus compañeros eran "esclavos rebeldes". "Johnson -le gritó el fanático-, vos no sos más que un esclavo de 40 millones de dólares."

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