Jason Collins jugaba en la NBA, salió del closet y ahora no juega

Toda la situación de Jason Collins hace seis meses, nunca sucedió, ¿verdad? El titular de haberse convertido en el primer atleta profesional activo en declararse abiertamente homosexual en un deporte de conjunto. La portada de Sports Illustrated. Los tuits de apoyo de todo mundo desde Barack Obama y Bill Clinton hasta Jason Kidd y LeBron James. Las entrevistas. Los elogios (¡cómo cambiaron el juego!) El panorama alterado.



¿Recuerdas cuando el periódico The Guardian calificó la revelación de Collins como significativa para la aceptación LGBT… "ya que el deporte profesional se consideraba la última frontera?"
¿Recuerdas cuando el Gay Lesbian Straight Education Network le entregó a Collins su premio a la valentía?¿Recuerdas cuando se comparaba al veterano centro de la NBA con Jackie Robinson?
Bueno, pues, olvídalo. Olvida todo.

Cuando leas esto, es probable que Collins esté sentado en su casa de California, jugando con sus dedos, viendo la televisión, esperando, deseando, esperando, deseando, esperando, deseando esa innovadora oportunidad que parece, poco a poco que es improbable que se dé. Lo pongo de otra manera: para que una persona que se convierte en el primer atleta profesional en activo, abiertamente homosexual, en un deporte de conjunto, esta persona debe ser un atleta profesional activo abiertamente homosexual en un deporte de conjunto.
Y resulta que Collins no está jugando...

La temporada de la NBA está por comenzar y es claro que los 30 equipos de la liga no tienen interés en Collins, un "obrero" de 34 años. Desde el punto de vista del basquetbol, esto es entendible: en algún momento fue un jugador valioso en el equipo de los Nets de Nueva Jersey que logró estar en la serie de campeonato dos años consecutivos a principios de la década pasada, pero ahora, Collins es una sombra de lo que fue.
Jugó con Boston y Washington la temporada pasada y promedió 1.1 puntos y 1.6 rebotes en 38 juegos. Es, para decirlo francamente, un jugador lento, no muy atlético, con articulaciones frágiles y sin un repertorio ofensivo del cual hablar. Si se tratara de cualquier otro jugador mediocre en cualquier deporte, su partida no se registraría en ningún radar. Desaparecería y la vida seguiría.
Sin embargo, Jason Collins dejó de ser común en el momento en que anunció que era gay.
Para miles y miles de estadounidenses, se convirtió en un rayo de esperanza y en el símbolo de que tal vez la sexualidad no importa en el mundo del deporte profesional, lleno de machismo. Si LeBron James, Kobe Bryant y Chris Paul pudieran aceptar a un gay como compañero de equipo, ¿que excusa tendría el hombre cabeza dura, hablador y homofóbico en una construcción o en una firma de abogados para justificar su cerrazón de mente?
Por fin, las cosas estaban a punto de cambiar.
Pero no fue así, porque nadie llamó a Collins.

En repetidas ocasiones, la NBA ha sido defendida en su falta de acción con ataques predecibles sobre el juego de Collins: demasiado lento, demasiado marginal, de muy poco valor. Pero aún así, ¿alguien (quien fuera) podría por lo menos haber invitado a Collins al campo de entrenamiento, tierra de un sinnúmero de zoquetes y jugadores marginales a los que les urge conseguir trabajo?
Carajo, la lista de jugadores de pretemporada de los Lakers de Los Ángeles incluyó a Dan Gadzurid y Eric Boateng, dos hombres con habilidades limitadas y sin el currículum de gran compañero de equipo y tenaz trabajador de Collins. Carajo, los Hawks de Atlanta, emplearon brevemente a David Lighty, un escolta de 1.98 sin atributos especiales para la NBA. Carajo, los Knicks de Nueva York, de acuerdo con D.J Foster de NBC Sports, básicamente, han dejado entrenar a todo aquél que haya tocado un balón de basquetbol entre una temporada y otra, excepto a Collins.
No es difícil de entender.

Como lo señaló en repetidas ocasiones el difunto Branch Rickey, famoso ejecutivo del beisbol: el cambio del panorama en el mundo de los deportes no llegará fácilmente.
Al igual que los miembros de los Dodgers de Brooklyn fueron odiados por compartir su espacio en los vestidores con Robinson en el verano de 1947, no es probable que muchos jugadores de la NBA (lo admitan públicamente o no), estén emocionados con la idea de bañarse junto a un hombre gay, incluso si ya han estado haciéndolo durante más de una década.
Agregar a Collins a la lista de jugadores (incluso a la lista de jugadores de pretemporada) probablemente sería extraño, confuso y raro.

Hubiera sido casi inevitable que algunos compañeros de equipo cristianos y conservadores solicitaran cambiarse en un espacio privado. Sería necesario organizar conferencias de prensa especiales.
Los grupos de derechos homosexuales llenarían el estadio y harían mucho ruido. ¿Y qué pasaría con los insultos que vuelan por la cancha durante un entrenamiento con una regularidad asombrosa y que se dicen sin pensar? Qué pasaría la primera vez que un Clipper, un Piston o un Spur pronunciara la palabra p**o, incluso si no estuviera dirigida a Collins?
¿Valdría la pena todo este problema (inevitablemente sería un problema) por un hombre que raras veces juega?
Respuesta: no.

Las oportunidades como ésta no son frecuentes y la NBA (que puede decirse que es el más progresistas de los cuatro principales deportes estadounidenses de equipo) está fracasando de manera miserable.
¿Dónde está Kidd, el nuevo entrenador de los Nets y excompañero de equipo de Collins con una invitación? ¿Dónde está Mark Cuban, el propietario de mente amplia de los Mavericks de Dallas, con una pluma y un contrato? ¿Dónde están los Guerreros de Golden State, el equipo cuyo estadio está a 28 kilómetros del lugar en que fue asesinado Harvey Milk? ¿Dónde están los Lakers, una franquicia que necesita desesperadamente agallas y dureza? ¿Donde está el Miami Heat, cuya banca podría utilizar un jugador con las características de Collins?

¿Cómo es posible que nadie pueda pensar en agregar a Collins a su lista de jugadores, aunque fuera para darle al valiente paso de Collins la conclusión que merece?
¿Cómo estamos dejando que esto se nos vaya de las manos?
Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Jeff Pearlman.Jeff Pearlman tiene un blog en jeffpearlmen.com. Su libro más reciente es "Sweetness: The Enigmatic Life of Walter Payton". Síguelo en Twitter: @jeffpearlman.  Fuente: CNN

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