Hola, me llamo Chris Mullin... y soy un alcoholico


El alcohol formó parte de su vida desde siempre, de manera natural se bebía en su casa, formaba parte de rituales y fiestas y el compartir con sus compañeros unas cervezas tras partidos o entrenamientos era algo habitual... hasta que se volvió demasiado habitual.
Hasta qué punto los problemas con el alcohol tienen un componente hereditario –su padre, Rod, también fue alcohólico-, social, circunstancial, etc… lo ignoro, pero sí que tengo claro que cualquier adicción es mas propensa a agudizarse cuando las circunstancias no son las mas propicias.
Así que hagamos un pequeño flashback
Chris Mullin fue un gran jugador universitario en su Queens casi-natal (nació en Brooklyn) enrolado en la Universidad de St.John’s, y dirigido en aquellos años por Lou Carnesseca, entrenador universitario legendario del que los que peinamos canas nos acordamos, por sus giras por España en los años 1985 y del que Díaz Miguel se jactaba de tenerlo entre sus amistades.
Fue elegido en sétpimo lugar en el draft de 1985, aquel mismo draft cuya primera posición fue a parar a Patrick Ewing, y en el que entraron tanto Fernando Martín, en en el puesto 38 como Arvydas Sabonis, en el 77!!! En fin, cosas de los drafts que son capaces de elegir a Sam Bowie antes que a Michael Jordan y a elementos tales como Kwame Brown, pero bueno, no nos vayamos por los cerros de Úbeda.
Lo malo fue que resultó elegido por Golden State, es decir, California, es decir San Francisco, cuyo modo de vida y cultura popular no es precisamente la que se estilaba en su querida y añorada New York.
Exiliado a casi 5000 kms de distancia, el joven Mullin, por aquellos años un escolta tirador puro desarrolló su juego en la cancha mientras que fuera de ella, no terminaba de adaptarse, así que verlo en un bar bebiendo cerveza era algo de lo mas habitual.
Como todos los adictos a cualquier tipo de sustancia, ésta te va minando poco a poco, la figura de espigado y rápido chico letal desde la linea de tres puntos, fue dando paso a un robusto hombre con apariencia de veterano en mil batallas cuando apenas llevaba un par de años en la liga. Apenas quedaba recuerdo en su pinta de aquellos años que le convirtieron en una de las grandes estrellas Universitarias del momento, junto con Michael Jordan, Patrick Ewing y algunos otros y que llenaron sus estantería de reconocimientos tanto colectivos, como individuales.
Al principio de su tercera temporada en la NBA, llegó Don Nelson, y con él todo cambió.
Lo primero fue que tras faltar Mullin a dos entrenamientos le retó y apostó con él a que no era capaz de estar sin beber, y Mullin, ignorando que tenía un problema le dijo que estaría 6 meses sin probrar un trago… ¡No duró ni dos días!
Nelson le apartó del equipo y le convenció para que acudiera a un centro de rehabilitación. Allí en el centro de rehabilitación de "Centinela", curiosamente cercad del Forum de Inglewood donde Mullin se había colgado la medalla de oro Olímpica en 1984, fue internado por decisión propia, y cada día, pasaba 6 horas de instrucción y terapia.
Su amiga Liz -amiga especial por lo que parece, porque algo mas tarde acabó siendo la señora Mullin con la que tuvo sus 4 hijos- confesó que sí, que bebía frecuentemente, pero que ella no había notado que tuviera un problema ni le había visto borracho ni nada parecido, cuando acudió a la clínica a visitarle.
Tras 31 días de terapia, un mas delgado Chris Mullin salía por la puerta, mas fino, con el corte de pelo que ya sería marca de la casa y con un pensamiento que le acompañaría el resto de su vida. Mañana, durante 24 horas, no voy a beber. Y así un día, tras otro día, tras otro día…
Don Nelson le esperaba con los brazos abiertos y la pizarra preparada, ya no sería un escolta tirador, sería un 3, un maravilloso 3 capaz de ver cortes donde no había, de leer defensas como si fuera un Larry Bird, de rebotear y ser capaz de defender a treses mas atléticos y fuertes que él, para qué ser rápido de pies? Cuando mi cabeza y manos funcionan a mas revoluciones que el resto? Alternó sus puntos en tiros, maravillosas y sorprendentes bandejitas que parecían no costarle esfuerzo, su juego creció así como su conocimiento del mismo, formó uno de los tríos mas electrizantes de la historia del baloncesto junto a Tim Hardaway y Mitch Richmond, con un small ball novedoso y rápido que ponía en serios aprietos a las defensas rivales, y tras AllStar tras AllStar le vino el premio, mas que merecido, de formar parte del mejor equipo que jamás haya habido y que jamás habrá, el Dream Team original que participaría en los Juegos Olímpicos de Barcelona’92.
Allí estaba Magic, allí estaba Jordan, allí estaba Bird y allí estaba Mullin.
Su carrera quizá no brillara tanto como la de otros, nunca ganó un anillo y lo mas cerca que estuvo de hacerlo fue formando parte de aquellos Pacers que en el año 2000 jugaron la final contra unos intratables Lakers de O’Neal, Kobe y Phil Jackson.

Yo conocí a Chris Mullin una noche de enero de 1984 viendo aquella final legendaria en aquellos 80. Y pese a que quedé deslumbrado con los vuelos de Jordan y la Fuerza de Ewing, me llamó la atención aquel jovencito del que algunos compañeros decían que el sol no le daba porque no podía ser mas blanco, que también quedó en mi retina.
Años después, cuando me preguntan quien es mi tirador favorito de todos aquellos que he visto, no tengo ni la mas mínima sombra de duda, siempre respondo lo mismo… “Hola, me llamo Chris Mullin… y soy un alcohólico”.
Los ha habido mejores? Probablemente. Pero esa forma de armar el brazo, de pararse en un tiempo, de salir de un bloqueo, la rapidez de ejecución, el equilibrio, el ángulo, el agarre del balón, la economía de esfuerzo… son tantas cosas que hacen que no es que piense que haya sido el mejor, es tan solo que es mi favorito, y cuando el corazón siente, siente, y hasta donde yo sé, este es un deporte de sensaciones… y de sentimientos!

-Fuente: Compartir es Ganar

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