El niño que prefirió el silbato a los tenis

Cuando un niño empieza a juguetear con una de esas rugosas pelotas naranjas que se meten a través de un aro su primer deseo es convertirse en el próximo Jordan o el nuevo LeBron. Es el sueño de todos. Pocos quieren ser Phil Jackson o Greg Popovich y ninguno tiene como meta ser el nuevo Bavetta u otro Joey Crawford.



¿Ninguno? Toda regla posee su excepción y en este caso ésta tiene nombre y apellidos. Se trata de Dealo Bellaphant, más conocido como Boo, y a sus cinco años se ha convertido en toda una sensación en el baloncesto de Minnesota. Un niño que apenas levanta un metro del suelo, pero que no entiende la vida sin un silbato alrededor de su cuello.

Dealo llama la atención desde el primer momento. Sus rizos corriendo la banda se han convertido en santo y seña de los partidos de los torneos AAU de las Ciudades Gemelas al igual que lo es su camiseta blanquinegra como si de un árbitro real se tratara. Sabe que no puede hacer sonar su silbato una vez que ha comenzado el partido, pero eso no le frena a la hora de seguir el partido de cerca y señalar todo lo que ve mediante los gestos típicos de un trencilla.

Boo ha sido capaz de eclipsar a futuras estrellas de la NBA como Harry Giles o Gary Trent Jr. Su pasión y su forma de vivir los partidos le han convertido en una estrella mediática hasta el punto de que también se lleva alguna que otra crítica de la grada por algunas de sus decisiones.
“Todo empezó cuando tenía dos años”, señala en Vice su primo Zach Taylor, que ejerce de hermano mayor y padre a la vez. “Venía a vernos a mi hermano y a mi y comenzó a interesarse por el baloncesto. Como le costaba estar pendiente de 10 personas diferentes, empezó a fijarse en los árbitros. Poco tiempo después ya estaba contando la posesión”.

Esos problemas a la hora de centrar la atención vienen por un retraso sensorial diagnosticado a los que se suman dificultades en el habla y problemas a la hora de establecer relaciones con las personas, causados por una falta de afecto desde que estaba en la cuna.



El escaso reconocimiento por parte de su padre, encarcelado, y de su madre, que nunca ha mostrado interés por él, hicieron que sus tíos reclamaran su custodia. Así, Boo cambio de familia y con el cambio comenzó su amor por el baloncesto y por el arbitraje. Y todo con un padrino de excepción como es su primo Zach, jugador de último año de instituto de cierto renombre en los círculos escolares de Minnesota.

“Quiere ir a todas las canchas de la zona. En cuanto sabe que hay un partido o aunque sea un entrenamiento, quiere ir”, desvela Zach en una prueba más del amor de Boo por el mundo del silbato. Su pasión, además, le está sirviendo como terapia ya que le ayuda a socializarse y a entablar relaciones con los demás. Es el resultado del poder del baloncesto, aunque en esta historia la pócima no sea el balón sino el silbato.

Leer más: Noticias NBA: La increíble historia del niño que prefirió un silbato antes que ser como Jordan - MARCA.com

Por G.García para http://www.marca.com/2015/06/15/baloncesto/nba/noticias/1434358702.html

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